Columna:
El origen develado


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La secreta amistad de Sor Juana y Dorotea

 

Actúan: Deborah Elizabeth Cepeda González, Penélope Corral Campuzano, Edén Rojas M. y Víctor Manuel Mendoza Flores

Libro: Guillermo Schmidhuber

Dirección: Román García

 

"Hombres necios…ayer y siempre"

 

Por Néstor De Giobbi

El ámbito teatral permite, de tanto en tanto, acceder a interesantes propuestas desarrolladas fronteras afuera de nuestro país, que a la vez están tan alejadas del circuito comercial como adentradas en el terreno de la búsqueda y la investigación.

En este contexto, recientemente el Teatro del Pueblo fue el punto de contacto escogido para conectar al público porteño con el trabajo del grupo "Cómicos de la Legua", elenco universitario que, actualmente dirigido por Wilfredo Murillo Soto, viene cumpliendo medio siglo de actividad en la cultura. El Grupo, representativo de la Universidad Autónoma de Querétaro, México, puso en escena este espectáculo escrito por Guillermo Schmidhuber (prolífico y laureado dramaturgo, crítico y hombre de la cultura, que acompañó la presentación de su obra en Buenos Aires), y en el cual se plantea una imaginaria amistad entre Sor Juana Inés de la Cruz y Dorothy Schons, una crítica y docente de literatura norteamericana, con la que comparten el común denominador de priorizar su intelecto por sobre todas sus restantes facultades.

Pero paralelamente, la historia abre ventanas en torno de cuestiones del pasado no resueltas entre Dorothy y su hermana, Dorothy y su padre, y las barreras que encontró en su intento por progresar en el ámbito universitario, simplemente por su condición de mujer. Este dato de la realidad se refleja en un crudo paralelo con la dura lucha de Sor Juana, erguida y solitaria frente a la Institución eclesiástica de su época.

Sin dudas, el punto más alto de la propuesta (signada por un tema si se quiere "de elite" pero de honda intensidad) está dado por el nivel de las actuaciones, tanto femeninas (en particular la de Penélope Corral Campuzano, quien amalgama potencia interpretativa con una penetrante dulzura), como masculinas, que tienen a su cargo una multiplicidad de personajes, bien coloridos y diferenciados. En los cuatro casos es de destacar además el excelente manejo vocal, sin fallas y enormemente expresivo, máxime teniendo en cuenta lo artificioso de algunos pasajes del lenguaje de época.

La puesta, resuelta con un único elemento escenográfico (a la vez mesa, altar, tálamo funerario) y un módico manejo lumínico, prescinde de sonido o musicalización, sin que esta carencia sea prácticamente advertida.

En suma,…una de esas extrañas perlas, que,…de tanto en tanto,..ruedan desde la corona del trabajo teatral, hasta nuestros pies.

 

 

 

 

 

 

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