Críticas


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Cabo Verde

Escrita y Dirigida por Gonzalo Demaría

Interpretes: María Florentino, Rodolfo Roca, Luciano Correa y Ramiro Batista.

 

 

“¿La raza superior?”

 

Por Néstor De Giobbi

 

En la sala “C de la Ciudad Cultural Konex, en Sarmiento al 3100, se presenta los viernes y sábados “Cabo Verde”, una pieza escrita y dirigida por Gonzalo Demaría, y atractiva por su propuesta de entrecruzamiento de hilos argumentales y motivaciones de sus personajes. La sinopsis de su trama da cuenta de que la viuda de un presidente de la Nación, que se ha quedado viuda, encarga a un médico higienista, (director del Depósito de Contraventores), la selección de un chico ario, el más apto de la lista de niños pobres amparados por su difunto marido (aquellos séptimos hijos que, en vez de lobizones, se vuelven ahijados presidenciales). Pero más tarde la madre biológica del niño elegido (una achuradora de frigorífico que además esconde un secreto) se presenta a reclamarlo. También el Doctor tiene sus motivaciones ocultas para entregar el niño a la viuda, mientras se desenvuelve bajo la mirada cuestionadora de un joven asistente, un diligente estudiante de medicina.

El sólido elenco de la obra  mantiene una homogénea calidad interpretativa, con momentos para el lucimiento individual, donde el personaje de la madre del niño otorga a la muy fogueada María Florentino oportunidades para su vuelo.  Asimismo, el personaje del médico, interpretdo por Roca, (correcto hasta promediar la historia), alcanza un clímax explosivo en los tramos finales, que sorprende al espectador develando aristas del personaje hasta ese momento inimaginables. También resulta un grato descubrimiento el trabajo del niño Ramiro Batista, quien pese a su corta edad resuelve con naturalidad y soltura su personaje, dándole verosimilitud.

 

La puesta, sin mayores artilugios, está totalmente planteada al servicio del texto, combinando unos pocos elementos escenográficos de carácter realista con una especie de cerco perimetral envolvente, que resuelve las entradas y salidas de los personajes dando a la vez una sensación de acorralamiento opresivo.

 

Como residuo decantado en el espectador a la salida de la función, subyace una inquietante reflexión acerca de la manipulación que ciertas personas (amparadas en sus roles asignados por la sociedad) pueden ejercer sobre otras, aún habitando aparentemente fuera de regímenes dictatoriales, y bajo la tranquilizadora pero falsa imagen de un orden confiable y protector.

 

Para mirar a nuestro alrededor….

 

 

 

 

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