Críticas


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El tiempo y los Conway



Autor: J. B. Priestley

Dirección General: Mariano Dossena

Interpretes: Mecha Uriburu (Sra. Conway); Luis Gritti (Alan); Alcira Serna
(Magde); Gabriel Kipen (Robin); Victoria Arderius (Hazel); Mariela Rojzman (Kay);Margarita Lorenzo (Carol); Diana Kamen (Joan); Leon Bara (Ernest) y Hernan Bergstein (Gerald)



Lo que vendrá…?”



Por Néstor De Giobbi


Los protagonistas: Los Conway; Una acomodada familia inglesa, compuesta por la viuda heredera y sus seis hijos (cuatro mujeres - dos varones).


El lugar: Un modesto pueblo de la campiña británica, distante (en espacio y esplendor) de Londres.


La época: el vapuleado interregno comprendido entre finales de la primera y el preludio de la Segunda Guerra Mundial, recesión del `30 incluida.


La historia: Narrada en tres actos, Priestley elige un inquietante modo de contar el esplendor de la primera época cuando, apenas fallecido el Sr. Conway, el dinero no era un tema central, y las actividades sociales y lúdicas de la familia solo se veían apenas ensombrecidas por la preocupación por Roby, (el hijo bajo bandera, aunque lejos de las balas), y las especulaciones casamenteras de algunas de las hijas. Luego, y por un extraño giro sufrido por una de ellas, Kay, (especie de premonición ?, sueño ?), el espectador parece ser testigo del futuro de todos, dentro de 20 años. Y lo que ve…es demoledor.


Finalmente, y de forma igualmente imprevista, la elipsis del tiempo se rompe, y todo parece continuar,…como si nada.


Dossena, joven pero ya fogueado Director de nuestro medio, resuelve la puesta desde un planteo minimalista, casi carente de escenografía y empleando pragmáticamente los escasos elementos presentes. Además aborda airosamente (aunque no sin tropiezos) el desafío de conducir un elenco de diez actores, con las esperables heterogeneidades de nivel. En este tópico, son de destacar los trabajos de León Bara (como el patético y apocado Ernest, luego devenido en verdugo de la familia), y el de la joven Margarita Lorenzo, interpretando una dulce y bien lograda “Carol”, quien inclusive tiene su breve pero lucido momento vocal y al piano. El resto de los actores acompaña con suerte dispar la historia, algunos elaborando muñecos abiertamente efectistas (como el “Robin de Kipen) y otros, no logrando darle a sus criaturas la credibilidad necesaria.


Tal vez el punto más negativo de esta propuesta sea la cuestionable traducción (adaptación ?) del original de Priestley, la cual, manteniendo la coordenada espacio-temporal de la pieza, así como las referencias a los personajes y lugares (a veces, fallidamente pronunciados…), sorpresivamente apela a giros y modismos del todo extemporáneos, que chocan contra el oído del espectador atento haciendo pedazos los climas creados visualmente. (Verbigracia: “Mamá está re-enganchada con el canto”,.. (¿?) o peor aún, cuando ante un planteo de otro personaje, una de las “ladies” responde con el lunfardo “¡Avisaaaa!”…) (¡¿?!). De no deberse estos exabruptos a la aludida traducción, entonces habrá que buscar las causas en una excesiva libertad interpretativa, no debidamente acotada desde la dirección.


Más allá de estos apuntes, “El tiempo y los Conway” devuelve al sano ejercicio de la internación en otras vidas expuestas como en un escaparate, lo cual lleva al cuestionamiento interno de las “seguridades” de cada una de nuestras vidas.


Porque, aquello de…”que 20 años no es nada... “ es una licencia poético-musical de Gardel, ...que se parece enormemente a una mentira.




 

 

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