Críticas


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“Aguas” y “Aires”


Idea y Dirección General: Marcelo Katz

Actúan: Compañía Clun (Cecile caillon, Javier Pomposiello, Demian Candal, Alan Stivelman, Santiago Legon, Brigida Lozzi, Lucia Baya Casal, Sebastián Godoy, Mercedes Hernandez, Gabriel Cohan, Marcos Arano, Elsa Agras, Adriana Ferro, Gabriel Martinez, Alejandro Talarico, Luciana Wiederhold, Julieta Carreras, Erica Ynoub, Pablo Fusco, Juan Carlos Bratoz, Martin Lopez, Lisandro Penelas.



Elementos Vitales”


Por Néstor De Giobbi


La tarde de domingo en la Recoleta, soleada y plena de bullicio entre vendedores, turistas y paseantes locales, va abriendo el sendero hacia el Centro Cultural,…dibujándonos inconcientemente una sonrisa.


Tras los amplios pasillos recoletos, el Patio del Aljibe espera con sus palmeras erguidas el momento en que las risas y los ojos asombrados colmarán los espacios.


Y desde la bienvenida, los estrafalarios personajes de las narices rojas y estilos distintivos nos conducen a nuestras ubicaciones, indicando subliminalmente, sin proponérselo, que a partir de ese instante, en ese lugar...vale todo!


Y la “Compañía Clun”, alumnos de la escuela de Clown de Marcelo Katz, dan inicio a la doble jornada de teatro-danza-clown-disparate, compuesta por “Aguas”, (a las 18.30 hs), y “Aires” (a las 20:30 hs.).


Las dos creaciones, perfectamente definidas por sus hacedores como “delirios clownescos”, toman como pretexto a estos elementos esenciales (cabe esperar en un futuro los dos restantes, completando la cuatrilogía…), para mostrar ingeniosas facetas de los mismos, plenas de humor, poesía y calidez.


En “Aguas”, el disparate puede tener lugar en una “hidratante” sesión psicoanalítica, o en un patético acto escolar, o en un vigoroso concierto de sifonazos. La clase de surf (en pequeñas bañeras plásticas para bebes), constituye un alto punto de comprobación del vuelo que puede alcanzar la línea de razonamiento del clown. Sencillamente…ilimitada.


En “Aires”, (con parte del elenco aún trajinado y humedecido del espectáculo anterior) los protagonistas apelan a objetos cotidianos como pajitas de refrescos, globitos de carnaval, aspiradoras y secadores de cabello, para dar “nuevos aires” a situaciones comunes donde el elemento en cuestión puede tomar la forma de viento, de burbujas… o simplemente de suspiros enamorados.


Y en ambos casos, los comunes denominadores son el culto al absurdo, y la energía desbordante. Esa: La que hace que un conjunto de chicas y muchachos de todas las edades (alguna… con más de ochenta…, y su capacidad de juego intacta), desconozca el temor al ridículo, salte por sobre las barreras de la formalidad, y haga añicos a un tiempo al mal humor, a los prejuicios y a la solemnidad mal entendida.


Para un domingo de infancia, en familia, pochoclo en mano, viendo ambos espectáculos (juntos o por separado), regocijando al niño interior (el de ayer), y disfrutando del disfrute del niño exterior (el de hoy, ese a quien llevamos como salvoconducto…).


En suma: Una tarde con los elementos esenciales.


Como la risa.

Como la ternura…





 

 

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