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Les Éphéméres

 

Un mundo de historias breves

 

 

Por Eva Matarazzo

 

 

 

La obra Les éphémères, del Théâtre du Soleil dirigido por Ariane Mnouchkine, desató la ovación del público local en el marco del  VI Festival Internacional de Teatro de Buenos Aires.



Un espectáculo que surge de un trabajo planteado como laboratorio teatral, realizado por este prestigioso grupo francés,  en el que confluyen cuatro generaciones.

 

 

Les éphémères plantea una mirada profunda sobre lo  cotidiano. Un especie de realismo mágico, donde la belleza de las cosas está dada por lo simple y lo complejo de la vida misma.

 

 

Una concepción escénica impactante, donde las acciones giran como las plataformas de madera en las que se van montando todas las escenas. Un código alejado de una puesta convencional que permite al espectador abrir otros canales sensitivos,  y donde la verdad esta puesta en la naturalidad y el excelente trabajo actoral que realizan todos los integrantes de la compañía.

 

 

Son episodios soñados, invocados, evocados, improvisados y puestos en escena, no hay un argumento lineal, sino que son múltiples historias que a veces se cruzan en algunos puntos.

 

 

"No hay trama -explica Mnouchkine-, es un espectáculo que está hecho de cosas que surgen espontáneamente de cada uno de los actores, que se entretejen. Yo contaba mis recuerdos de infancia y los actores también. Todo era visto a través del punto de partida de la pérdida, de un cometa que se abate sobre la tierra. De esa imagen partimos. Entramos en la conciencia de la pérdida, de la muerte, de la separación…"   La obra sumó además  una serie de lecturas como base del trabajo actoral: Edmond Jabés, Raymond Carver, Karen Blixen, San Agustin, Anton Chéjov, entre otros.

 

 

Los climas creados son fundamentales para que el espectador se pierda en cada pequeña historia, desde la música artesanal de Jean-Jacques Lemêtre, que utiliza instrumentos de viento y de cuerdas, hasta la escenografía realista, la puesta de luces o los tiempos que se toman los actores  en sus interpretaciones.

 

 

Es para resaltar la labor en conjunto de toda la compañía, desde los más pequeños hasta los más experimentados, donde no se perciben jerarquías sino que todos son protagonistas . La profundidad y el talento con el que se mueven en todas las situaciones, lo pequeño y sublime de  cada gesto y la composición exhaustiva de cada personajes. Caben palabras también de halago para la Directora Mnouchkine, quién no solo demostró su genialidad sino también su sencillez.

 

 

Una experiencia que nos permite abordar con una mirada existencial la importancia de los vínculos más próximos y la belleza de lo que a veces se esfuma en el propio devenir.  Lo efímero y fugaz de la vida, los recuerdos, la muerte de los seres queridos, la soledad, el abandono, la amistad, en fin las relaciones humanas…

 

 

Hasta las situaciones más trágicas nos conducen a un lugar de belleza desde todo punto de vista, y justamente ahí está el valor del arte como transformador de este universo de lo cotidiano.

 

 

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