Críticas


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Sex según Mae West

     

Sex según Mae West

 

 

 

Por Eva Matarazzo

 

 

Sex según Mae West, es la nueva obra dirigida por Luciano Cáseres. La pieza de René Pollesch, constituye un manifiesto sobre las formas en que se prostituye el hombre en la sociedad capitalista. Un teatro de ideas pero con una  puesta original  y posmoderna, donde la fusión de formatos y soportes, crea una estética diferente.

 

            Una enorme pantalla  frente a los espectadores. Las primeras imágenes sorprenden con una entrevista que realizó Osvaldo Bazán a cada uno de los actores sobre su trabajo. Luego escenas en un auto, donde las tres mujeres comienzan sus discursos, hasta llegar a la puerta del Kafka, y entrar en la sala. Las escenas siguientes, irán aconteciendo en mayor medida en el interior de un cuarto pequeño, las cámaras van recortando el espacio  haciendo en vivo y en directo, las tomas que conforman la obra.

 

            Tres prostitutas hablan sobre su profesión y escupen las distintas  formas de prostitución, con las que el capitalismo termina sometiendo nuestra voluntad, un texto de alto vuelo intelectual, abrumador, que golpea permanentemente al espectador.

 

Los personajes realizan la mayor parte del tiempo un gran despliegue de energía, no paran, el ritmo es vertiginoso y el texto resulta realmente agobiante, pero aparecen también pequeños momentos donde se da un respiro al espectador, por ejemplo,  cuando se interpreta la canción italiana Parole, o se parodian los finales felices de películas  marketineras y ochentosas como Dirty Dancing o  Foot Lose.

 

Las actuaciones de las actrices Ideth Enrigth, Dolores Ocampo y Cecilia Rainero, son muy buenas, se sostienen a pesar del escabroso texto a lo largo de la obra. El actor Héctor Bordoni, posee gran presencia escénica y capacidad de juego con su cuerpo,  por lo que a pesar de no tener texto ni acciones muy definidas, logra concentrar la atención del público.  El recurso del apuntador en escena  (Sergio Aiello),  con su vestuario un tanto sadomasoquista, produce un mayor distanciamiento con la historia, rompe el límite de la ficción y devela el mecanismo de puesta en escena.

 

            Sex, conjuga teatralidad y reflexión, una obra de contenido político que apunta al intelecto y no a la emoción.

 

 

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