Críticas


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Porque somos hombres

Cuentas pendientes

Cuentas pendientes, adentro y afuera                                                                                         

Por Néstor de Giobbi

(De Sergio Piornedo)
Con Pablo Maseda, Pablo Comelli y Maxi Zago
Dirección: Reynaldo Alcaraz

¿Qué puede llegar a suceder cuando tres jóvenes amigos, que compartieron todo desde la infancia, se convocan en un sótano para abordar una experiencia, casi ritual?

El escenario, un pequeño sótano, continente de objetos y vivencias que cobran protagonismo, y revelan angustias contenidas.

Ellos: Alejandro, un eficaz estudiante universitario, con inclinación hacia el liderazgo político, (forjada en la adolescencia); Adrián, con su renguera a cuestas, con un irrefrenable afán analítico que lo supera y doblega, y un secreto oscuro…inconfesable; Daniel, con el perfil ambiguo de un muchachón inmaduro, afecto a lo pasatista, y que en realidad encubre un alma torturada por su “carga interior”.

Y sobrevolándolos, o entre ellos, Norberto: Una “presencia ausente”, o mejor debiera decirse una “ausencia omnipresente”. El mentor; El compañero de vida faltante, por la confusa desaparición en una racia de la época más oscura de nuestro pasado reciente.

Todas esas historias de vidas, tan paralelas y tan distantes, resultarán amalgamadas por el intento de descifrar las enseñanzas contenidas en un enigmático manuscrito robado por uno de ellos en un mítico café porteño. Y allí, revolviéndose y debatiéndose, comenzarán a pasarse mutuas “facturas pendientes”, durísimas, de las más variadas etiologías, que irán develándose en un clima con picos estremecedores.

El arbitrio de la urdimbre literaria de Piornedo, (que mezcla dolorosas realidades históricas nacionales y personales, con toques de humor a veces ácido, otras directo y burdo, y hasta con aristas de misticismo y revelaciones propias de un policial), desacomoda permanentemente al espectador, que no consigue instalar al relato ( y a si mismo) en un casillero determinado y clasificable, dando como consecuencia una dramaturgia, al menos, “rara”. Las potentes actuaciones de Pablo Maseda (Daniel), Pablo Comelli (Alejandro) y Maxi Zago (Adrián), irán rotando el protagonismo de cada uno de los personajes, llevándolos secuencialmente a clímax que conmueven, con elaborados “in crescendos”, o con estallidos de relámpago.

La dirección de Alcaraz parece haber apuntado intensamente (casi excluyentemente…) a los profundos conflictos íntimos de estas criaturas, lo que hace que, si se piensa al teatro como un disparador de emociones y reflexiones que resuenen en cada espectador de manera diferente, pueda descansar en la convicción de la “tarea cumplida”.

 

 

 

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