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Shangay

Cuando lo desconocido evoca recuerdos

Cuando lo desconocido evoca recuerdos

Shangay de Jose María Muscari

Por Carlos Maccio

Con Ideth Enright, Mariana Plenazio, Paula Schiavon, Fernando Sayago, José María Muscari, Liliana Weimer.

Teatro Maipo. Viernes y Sábados a las 23.30 hrs.
Dramaturgia y dirección: José María Muscari.

Dos pisos de escalones aterciopelados. Un ascensor antiguo que parece conducirnos hasta donde uno mismo decida aventurarse. Un centenar de sillas dispuestas de forma tal, que transforman al espectador en parte viva de la escenografía. De esta forma y ya desde el arribo al teatro comienza la experiencia de Shangay. Todo lo que pase, pasará frente a nosotros. Y dentro nuestro también.

Y es que la ambientación propuesta por Hernan Moran y Vanesa Strauch, posiciona al espectador en una situación de privilegio, donde uno no puede más que admirar y agradecer cuánto se lo tiene en cuenta para poder contar lo que se va a contar.

Ocho son las escenas que este director propone recorrer; ocho los fundamentos orientales que se enseñan en esta puesta; y ocho las situaciones por las que la pareja protagonista transitará a lo largo de la noche.

La excusa? Sencilla. El reencuentro de dos hombres que alguna vez se amaron. El resultado? Un viaje hacia algo tan desconocido para ellos como para, a veces, el propio espectador : La propia naturaleza.

El elenco se completa acertadamente con la inclusión de tres geishas argentinizadas, y la desopilante madre de uno de los protagonistas que irrumpe de improviso en el salón. Mediante una tónica netamente cómica, el director nos lleva a recorrer esos rincones oscuros del alma que mayormente permanecen en sombras para los demás. Los espectadores serán testigos de una historia donde la pareja, instalada desde el reproche mutuo, nos hará observar la fragilidad del amor e, indefectiblemente, darnos la chance de poder ubicarnos en algunas de sus aristas.

Shangay es un paseo, una aventura, un recordatorio: No todo lo que brilla es oro; no todo lo que se esconde no se ve; no todo lo que parece ser de una forma termina siéndolo, y no siempre el amor es la solución en este mundo ideal. Un amalgama de elementos, de atenciones y de intenciones que hacen de esta obra un regalo para el espectador.

Roles muy bien definidos, una realidad desvirtuada que termina no siéndolo tanto, música, bastante provocación desde lo visual y un toque de shushi, hacen que sea muy difícil no sentirse agradecido una vez que, metafóricamente, baja el telón.

 

 

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