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La Cuna Vacía

 

 

Dramaturgia y Dirección: Omar Pacheco

Actúan: Mariana Agüero, Romina Azzigotti, Fernando Blanco, Maria Julia Cimarosti, Malena Colella, Mario di Nicola, Silvia Facal, Carolina Gighliazza, Fernanda Gonzáles, Enrique Lardo, Jorge Leonardi, Romina Lugano, Juliana Mazza, Luis Ortellado, Victoria Pedrozo, Magali Sammarco


 

“La sublimación del dolor por la belleza”

 

 

                                     Por Néstor De Giobbi

 

 

Cuando lo que hay que decir lastima, y duele como una letanía, tal vez el único vehículo para decirlo sea la poesía.

 

Y esta convicción parece haberse corporizado en Omar Pacheco, y su Grupo Teatro Libre, para llevar a la Sala Solidaridad del Centro Cultural de la Cooperación esta puesta en escena signada por la belleza estética en todas sus formas.

 

“La cuna vacía” es, de seguro, la imagen que remite más inequívocamente a los incontables relatos que llegaron a nosotros, siempre con ribetes dramáticos, de la desaparición forzada de personas en la década del `70, en particular, bebes, objeto desde entonces de una búsqueda incansable por parte de sus madres y abuelas.

 

Para el relato, Pacheco seleccionó con la sabiduría que emana no solo del cerebro, sino más bien, del corazón, un puñado de imágenes harto elocuentes, artísticamente iluminadas (siendo él mismo el responsable del Diseño de Iluminación de la puesta), y amalgamados por la música original de Rodolfo Mederos, profundamente emotiva. Y como elemento omnipresente, la magia, cruelmente administrada por un macabro y mesiánico personaje, diestro en el doloroso arte de las desapariciones, icono de la época. 

 

El marco escenográfico (una combinación de planos inclinados, pasillos y plataformas a distinto nivel) se irá develando poco a poco, entre las penumbras y el humo que reciben al espectador, llevándolo a sumergirse en un clima espectral.

 

Las actuaciones, prácticamente mudas, y en un derroche de gestualidad afinada como en un concierto, conmueven hasta las lágrimas.

 

Si bien es difícil (e injusto) resaltar una parte del espectáculo por sobre el todo, el protagonismo de la iluminación, el  ostensible simbolismo de colores en el vestuario, el ingenioso empleo del espacio y la incorporación de la realidad multiplicada en planos paralelos, jugadas muchas veces por títeres indescriptiblemente “vivos” ( especies de “bonsáis humanos”), constituyen aciertos insoslayables de la puesta.

 

Sin duda, la herida abierta dará paso una vez más a la polémica sobre el tema, con sus diferentes visiones. Pero lo que no puede negarse, es que la forma de aproximación de “La cuna vacía” es irrebatiblemente artística y preñada de belleza.

 

Para verla,…y verla,…y verla,…como en el vaivén de una cuna,…suspendida en los  laberintos del tiempo.

 

 

 

 

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