Críticas


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MAU MAU O LA TERCERA PARTE DE LA NOCHE

Mau Mau, la noche en ruinas



Por Eva Matarazzo



En 1964, los mellizos José y Alberto Lata Liste inauguraron Mau Mau, una boite que quedaría como el ícono de la noche porteña. El nombre Mau Mau, proviene de la denominación de un movimiento guerrillero de liberación negra en Kenia, y es por eso que toda la decoración del lugar era de estilo africano, con pieles de cebra y cabezas de animales embalsamados en las paredes. Pero lejos de estar asociado a cualquier movimiento de liberación política como planteaban las siglas, la disco albergaba la fiesta permanente de las elites y de las clases más poderosas y reaccionarias de nuestro país.

La obra teatral Mau Mau, que el lunes pasado se reestreno en el teatro El Extranjero se originó a través del encuentro del dúo teatral “Acido Carmín”, Gaby Ferrero y Eugenia Alonso, que desde fines de los años 90 vienen gestando sus propias producciones, con el director Juan Parodi, quien con una idea sobre el universo Mau Mau convoca a Santiago Loza para su escritura.

A través de esta idea, el autor logró hacer un interesante recorrido por la historia Argentina desde los años 60 hasta fines de los 90.

En Mau, Mau las caderas de los habitúes se movían al ritmo de la música más chic del momento, quienes embriagaban sus noches de placeres banales y vivían los beneficios de la “buena vida”. Frente a estos el contraste de represión y miseria de los otros, los que padecían afuera las consecuencias de las dictaduras militares y luego de los gobiernos neoliberales.

La reconstrucción de la historia de la propia boite fue fiel a los hechos y se ve todo un trabajo de investigación sobre el tema, pero lo más importante es la mirada del otro. Que pasaba y como se cuenta a través de estos personajes. El texto de Santiago Loza resulta magistral también en este sentido.

Con respecto al trabajo de ambas actrices podemos decir que es muy bueno, en ningún momento se cae. Logran generar diferentes estados y atraviesan por muchos momentos de humor, pero también por otros muy oscuros y de gran dramatismo. La reconstrucción del espacio y las historias se hace a través del relato de estas dos mujeres que han quedado atrapadas como ninfas de la noche en aquel lugar soñado. Las imágenes son muy potentes y lo ocurrido se transmite con la misma intensidad con que se vive.

Un tercer personaje hombre, hará de barman, portero y comodín de distintas situaciones, descontracturando el clima después de los momentos más densos de la obra y poniendo humor desde su sola presencia.

Se destaca también la puesta en escena de Juan Parodi, la ambientación del lugar y la elección de los objetos que son funcionales al trabajo y donde nada está de más, todo cuenta.

Finalmente la decadencia, como gran metáfora del pasado más reciente, pero frente a ella la luz del día que comienza a asomar.













 

 

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