Críticas


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HABLEMOS A CALZÓN QUITADO




La búsqueda de la verdad



Por Eva Matarazzo



Hablemos a calzón quitado fue escrita por Guillermo Gentile en 1969, año bastante convulsionado en el país y en el mundo, y donde la idea de revolución estaba latente con mucha fuerza no solo desde el campo de la política, sino también desde lo cultural.


La historia narra la relación entre Juan, un joven discapacitado y su Padre, que con la aparición de un tercer personaje -Martín- entra en conflicto. Este tercer personaje viene a develar lo negado y a plantear la libertad como camino posible.


La obra de Gentile puede ser leída como una gran metáfora. Por un lado la figura del padre como la representación del país durante esos años, donde gobiernos militares y autoritarios actuaban mediante un sistema paternalista avasallando las libertades individuales y sociales a través de la violencia. Por otro lado la sexualidad sería otra gran metáfora. La ambigüedad del discurso, el travestismo, la prostitución, el debut sexual y frente a ello la hipocresía moralista de gran parte de la sociedad que se resiste a los cambios y reprime perversamente los deseos más oscuros .


Actualmente la puesta de Nicolás Dominici, recupera fielmente el espíritu de una época, sin por eso perder vigencia. La intensidad de los vínculos está muy bien desarrollada, lo que produce en el espectador una atención permanente. La química entre los actores se percibe en el aire, y la obra fluye naturalmente sin demasiados artilugios.


Otro punto a destacar es la composición de los personajes. El trabajo de Ulises Pafundi es admirable. Si bien hacer un personaje discapacitado puede representar para un actor una gran posibilidad para consagrarse, también es cierto que es un gran desafío y se corren ciertos riesgos, como el de caer en el estereotipo o la caricatura, cosa que en este caso no ocurre en ningún momento. Los actores Oscar Gimenez (padre) y Emiliano Marino (Martín), también imponen una interesante impronta a sus personajes. Martín desde su verdad y frescura. El padre desde una impresionante dualidad muy bien lograda, donde a su vez actúa como padre/madre , en una mezcla de perversión, ternura, autoridad, despotismo y simpatía, un trabajo lleno de matices pero alejado del naturalismo.


En resumen podemos decir que es una obra muy recomendable. Un trabajo que permite apreciar al teatro como hecho vivo que merece seguir andando.





 

 

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