Críticas


Ver notas anteriores

La celebración

“De cirujas, putas y suicidas”

 

 

 

 

Dramaturgia: Thomas Vinterberg, Mogens Rukov & Bo Hr. Hansen

(Adaptación al inglés por David Eldridge)

Actúan: Benjamín Vicuña, Gonzalo Valenzuela, Osvaldo santoro, Juana Viale, Antonella Costa, Silvina Acosta, Beatriz Spelzini y elenco

Dirección: Luis Romero

 

 

“En el nombre del Padre…”

 

 

Por Néstor De Giobbi

 

 

En una noche de debut “como las de antes”, la entrada del Teatro Lola Membrives se convulsionó en un coctel de flashes, embotellamiento de tránsito, glamour, empujones  y celebridades, que por un rato devolvieron a la Avenida Corrientes su brillo icónico.

 

Tal vez la impronta mediática reciente de algunos de los protagonistas de “La Celebración”, hizo que a su estreno en Buenos Aires (demorado por el tumulto en casi una hora), no faltara nadie: prensa, medios, invitados y cholulos, con alfombra roja y vallas de contención incluidos, como en una vernácula versión de Brodway.

 

La historia en sí, densa y oscura, da cuenta de la llegada de los hijos Christian (Benjamín Vicuña), Helen (Antonella Costa) y Mikel (Gonzalo Valenzuela) a la mansión patriarcal para asistir a la celebración del sexagésimo cumpleaños de Helge (Osvaldo Santoro), poderoso personaje de gran predicamento en el entorno, pero sombrías aristas en la intimidad. Como velo sobre el festejo, el rictus del reciente suicidio de Linda, la otra hija de Helge y su esposa Else (Beatriz Spelzini), ocurrido en ese mismo lugar.

 

Los oropeles, la música y los brindis de la reunión social pletórica de invitados, no consiguen más que avivar la llama que quema en el corazón de Christian, entrañablemente ligado a Linda por su condición de mellizos. Su alcoholismo cataliza el desbarranco, …y la tempestad se desata. A partir de allí, todo será un vendaval de heridas abiertas, exposición de miserias y revelación de secretos vergonzantes, que desnudará la realidad del “prohombre con pies de barro” interpretado por Santoro, en medio del desenfreno fatuo con el que el coro de asistentes pretende asordinar la verdad.

 

La puesta de Romero resuelve el relato prácticamente en un único escenario, con fugaces apartes a un dormitorio móvil, y apoyando la atención en una puesta de luces de potente impronta. Un actor-pianista en escena completa la pintura, subrayando el clima clásico de la reunión en la mansión.

 

Las labores de Valenzuela y Santoro transitan por los andariveles que les son propios, ya conocidos a través de sus trayectorias, especialmente televisivas. Spelzini, en el rol de la esposa y madre omisa, aporta aplomo y conflictividad en un personaje volcado hacia la introspección. De entre los intérpretes protagónicos, Vicuña resulta el de mayor lucimiento, mostrando con fuerza y capacidad los matices del tormento de su personaje. En el nutrido elenco coprotagónico (veinte actores en escena), merece destacarse el desempeño de un experimentado “actor soporte”, Jorge García Marino, que desde el rol de uno de los invitados a la fiesta despliega su oficio y ratifica aquello de que no hay “pequeños papeles”. Lamentablemente, Juana Viale faltó a la cita en el debut, debiendo ser reemplazada por la juvenil Manuela Pal, (de correcto desempeño), con lo que seguramente las expectativas de apreciar su trabajo por parte de muchos de los asistentes, se vieron momentáneamente postergadas. 

 

En suma: Una invitación a la reflexión acerca de aquello de “no todo lo que reluce,..es oro…”

 

 

 

 

 

Cursos de formación artística
Staff & Editorial
Aviso legal
Contáctenos

Escenarios Teatrales

¿Cómo anunciar?
  • Tu publicidad
  • Tus espectáculos
  • Tu casting
  • Tus cursos