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Yo amo a mi maestra normal

 

 

 

 

Autor e Intérprete: Juan Pablo Geretto

Dirección: Juan Pablo Geretto  y Ana Sans

 

 

“…Y no hables más, muchacha,…corazón de tiza…”

 

Por Néstor De Giobbi

 

 

Que la función del actor es la de dar vida a un personaje, no es más que una afirmación de perogrullo..

 

Pero cuando ese actor es Juan Pablo Geretto, y la experiencia es encarnar (nunca tan justicieramente aplicado el término) a su “Maestra Normal”, esa labor del “jugar a ser otro” adquiere ribetes inusuales.

 

La gacetilla de prensa puede dar cuenta de la continuidad en cartel de esta, la segunda temporada en Buenos Aires de la tercera obra escrita y personificada por Geretto, ganador  (entre otros lauros) de dos “Estrellas de Mar” en este año.

 

Pero lo que ninguna reseña puede expresar, es lo que ocurre en esa sala del Multiteatro desde el ingreso mismo del intérprete, y aún antes, bajo la adusta mirada de Sarmiento desde su retrato.

 

El planteo: la convocatoria a un acto escolar, a fin de inaugurar el postergado techado de un patio. La anfitriona, y conductora del acto: Una maestra Normal. Y aquí, el  título antedicho adquiere el doble significado, siendo también un intencionado adjetivo. Porque en esa, una maestra como tantas, toman vida las infinitas maestras que cada uno de nosotros a gozado y sufrido en nuestra niñez, sobre todo aquellos que hoy cuentan con más de treinta años, …aunque la tendencia hasta nuestros días no parece ser muy distinta.

 

Ese recuerdo específico además actúa como catalizador de muchísimos otros, tales como objetos y lugares comunes de nuestra escolarización, tan reconocibles y vívidos que la platea no puede evitar estallar en carcajadas o en nostálgicos suspiros.

 

La puesta de Sans y el propio Geretto es impecable en lo actoral, en lo comunicacional con el público, en lo tecnológico (haciendo un aprovechamiento intensivo de recursos audiovisuales que generan en todo momento la sensación de estar en presencia de escenografías reales, siendo estas meramente virtuales), lo lumínico y lo sonoro.

 

Y, sin obviar que se trata de un espectáculo primordialmente humorístico, compendiando todo los “clichés” y situaciones imaginable en la materia, es impresionante (ese es el término), en el paralelo trazado entre las metodologías empleadas para impartir conocimientos en décadas pasadas, y las técnicas de adoctrinamiento y sojuzgamiento de los períodos más negros de la humanidad.  Es de resaltar el efecto logrado sencillamente a expensas de una  transformación de Geretto en lo vocal, apoyado en escalofriantes climas lumínicos y auditivos. En la misma cuerda, resulta conmovedor el relato (visible, a pesar de no serlo) de la intimidad de la maestra en su cocina, corrigiendo cuadernos, acompañada por la soledad que su entrega le granjeó.

 

La escucha de las confesiones, contradictorias, disparatadas, mezquinas y amorosas de ese personaje, llevan a pedir prestadas las palabras del “flaco” Spinetta del título de esta nota, ya que tanta catarsis y disfrute, abruman.

 

“Fue la lucha tu vida y tu elemento.”

 

 

 

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