Críticas


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Ricardo III

                              Ricardo III

 

(Versión libre de Laura Silva, sobre idea original de Nuria Silva)

 

Con: Guido Arena (“Chorroarín”), Rodolfo Yordanoff (“Rondolfo”), Paola Fiorita (“Fioretta NoSuda”), Esteban Fiocca (“Torsorecto), Juana Larolonda (“Juanita”), Omar Jacquier (“Ojota Tanino”), Gabriel Cohan (“Ritten”), Matías Bassi (“Catato”), Mariano Bicaín (“Anófeles”).

Dirección: Laura Silva

 

                   “Portate bien,…Ricardito…”

 

                     Por Néstor de Giobbi

 

 

Todos sabemos el reto que representa animarse a los grandes clásicos, y sobre todo cuando estos llevan la firma de un tal Shakespeare. Porque sucede que este muchacho,..Guillermito,…no se andaba con chiquitas. Todo lo suyo desbordaba los límites de lo trágico, para pasar lo epopéyico, haciendo que cualquier conflicto de nuestra realidad contemporánea parezca un juego de niños frente a los cataclismos que asolaron a sus personajes.

 

A partir de esta realidad, y vistas ya casi todas las formas de aproximación al Genio, Laura Silva aborda a uno de sus hitos más salientes, “Ricardo III”, desde la clave del clown, con una creatividad y lograda estética, poco frecuentes.

 

Todo se inicia cuando una troupe de siete clowns conducida, (como no podía ser de otra forma), por un histriónico y grandilocuente director, desembarca en una sala para contar su versión del clásico. Al terminar la arbitraria y azarosa distribución de roles,  y aún asignando múltiples personajes a cada uno de ellos, descubren que han omitido uno: Nada menos que al protagónico Richard de Gloster, más tarde Ricardo III.

 

Como todo clown que se precie, y sin amilanarse por ese minúsculo detalle, encomiendan ese personaje a un técnico de la sala, el mismo que hace unos instantes  había acomodado a los espectadores en la sala, repartía los programas, o cambiaba lamparitas.

 

Y el desarrollo de la obra transcurre por cauces relativamente normales (…dentro de lo que puede esperarse que haga una troupe de esta calaña con tamaño drama…), hasta que se va adueñando de la escena el lado oscuro del clown, ese que obviamente habitó en Ricardo, seguramente en el mismísimo Shakespeare, …y en cada uno de nosotros.

 

La puesta de Silva cuenta con importantes puntos de apoyo: Una sólida performance actoral general, donde es difícil resaltar a unos sobre otros, brillando por momentos su protagónico, o ya avanzada la trama,  su tétrico lado oscuro,  o estallando la carcajada repentista ante cualquier gag inesperado de algún otro miembro del disparatado staff; Una muy cuidada puesta estética, carente de recursos escenográficos, pero perfectamente cubiertos con una iluminación y sonidos talentosamente ensamblados, y finalmente una buena síntesis argumental, que pone en tema al espectador primerizo, alivianándole en alguna medida los pasajes más densos del texto original.

 

Para asomarse al “travieso Ricardito”, con sonrisas… y sorpresas.

 

 

 

 

 

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