Críticas


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Amanda y Eduardo

 

 

Elenco: Mariela Acosta, Martín Urbaneja, Leonardo Odierna, Sylvia Tavcar, Silvina Katz, Tian Brass, Federico González Bethencourt, Ileana Peralta y Natalia Fanucchi.

 

Autor: Armando Discépolo

Versión y Dirección: Adrián Canale

“Perder…por el miedo a perder”

 

Por Néstor De Giobbi

 

 

El “Colectivo Teatral Puerta Roja” presenta por estos días en su sala de la calle Lavalle al 3600 una obra de Armando  Discépolo estrenada en Barcelona en 1931 y  a los pocos meses en Buenos Aires, y luego pocas veces repuesta en nuestro medio.

 

Se trata de “Amanda y Eduardo”, pieza encuadrable en un género cuasi melodramático que pone sobre el tapete un conflicto que no reconoce épocas ni lugares excluyentes, y al cual no han podido escapar personas ni personajes: la sumisión, o el renunciamiento a los valores más supremos y sublimes, ante el temor de sucumbir frente a la miseria material.

 

Y en esta disyuntiva de acero, el hombre (en este caso, la mujer…) se doblega ante una aparente “seguridad” económica, sacrificando felicidades y sacrificándose sin advertir que es consumida por las fauces de “otra miseria”  más voraz y destructiva: la miseria moral.

 

Amanda, joven y bella, perdidamente enamorada de Eduardo (un modesto periodista de diario, casado más felizmente de lo que él mismo llega a advertir…), se debate entre la infidelidad y la prosperidad, entre la pasión y la holgura, impulsada por su madre a mantener una nefasta mascarada de matrimonio con Don Camilo, (un hombre tan entrado en años como en caudales) a expensas de asegurar la tranquilidad monetaria de ambas y de Alicia, la hermana menor de Amanda.

 

La versión de Adrián Canale exhibe numerosos aciertos que contribuyen a apuntalar los casi 140 minutos del espectáculo. Por una parte, la ingeniosa puesta multifrontal, que dibujando el espacio escénico en forma de cruz divide a la platea en cuatro segmentos enfrentados, y habilita la visualización de realidades teatrales paralelas y contemporáneas. Por otra, la movilización continua, ágil y dinámica de las criaturas con un criterio naturalista, en la que algunos intérpretes (como Leonardo Odierna y Silvina Katz) se lucen por sobre el resto del elenco, probablemente como consecuencia de un mayor “oficio”. Por último, la presencia recurrente de la música en manos de algunos de los actores, como eficaces “servidores de escena”, se constituye en una especie de río en cuyas aguas el espectador navega observando lo que sucede en la orilla.

 

Amanda y Eduardo, al igual que Doña Flor,…y que tantos otros con sus distintos nombres y realidades, resultan víctimas de sus pasiones,  de sus temores ante lo “inseguro”,…siendo fácil presa de las miserias más corrosivas del alma humana.

 

 

 

 

 

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