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Adrián Blanco estrenó ¡¡¡Bacacay!!! Un crimen premeditado

Adrián Blanco estrenó ¡¡¡Bacacay!!! Un crimen premeditado

Es una gran burla al thriller psicológico”


En esta comedia negra poco convencional, el director vuelve a poner en escena un texto del polaco Witold Gombrowicz. El eje de la obra es el relato “Crimen premeditado”, que le permite a Blanco trabajar teatralmente con “los desperdicios del lenguaje”.


El director Adrián Blanco vuelve a poner en escena textos del escritor polaco Witold Gombrowicz. Esta vez se trata de ¡¡¡Bacacay!!! Un crimen premeditado, una comedia negra poco convencional. El Juez de Instrucción H (Fito Yanelli) presenta a la audiencia uno de sus casos más insospechados. Este se dirige a visitar al señor X (Mario Frías) con el propósito de ayudarlo a resolver algunos problemas referentes a sus propiedades. A su llegada, se entera que el señor X ha muerto la noche anterior y no parará hasta lograr develar el enigma. En su investigación se encuentra con el hijo del muerto (Ariel Haal), quien presenta trastornos de conducta como consecuencia de traumas pasados, una esposa humillada constantemente (Eva Matarazzo), una hija con fuertes pulsiones eróticas (Julieta Raponi) y una criada (Gabriela Ramos) que se mueve dentro de una dialéctica de amo-esclavo. 

Bacacay es una gran burla al thriller psicológico. También hay una cosa freudiana de matar el padre. Lo que tiene es que no hay un subtexto, porque Gombrowicz lo pone afuera. Pareciera como que el interior de los personajes los pone afuera y genera otro interior que no es un interior psicologista, sino que es más simbólico y tiene que ver con el significado y el significante”, explica Blanco.

Memorias del tiempo de la inmadurez, fue el primer libro de cuentos de Witold Gombrowicz, que luego se publicó en castellano bajo el nombre de Bacacay, en homenaje a una calle del barrio de Flores. El eje de la obra es “Crimen premeditado”, uno de los relatos, que se fue hilvanando en el proceso dramatúrgico que compartió con Mario Frías, con materiales incluidos en otros relatos del mismo. 

Blanco ya había dirigido cuatro piezas basadas en textos de Gombrowicz, entre ellas su versión de Trans-Atlántico, espectáculo por el que fue invitado al IX Festival Internacional Gombrowicz en Polonia, representando a la Argentina, y donde obtuvo los tres principales premios: mejor obra, mejor dirección y mejor actor protagónico.

¿Qué es lo que más le interesa de Gombrowicz?

A.B.: –Yo tomo contacto con Gombrowicz a partir de Germán García, un psicoanalista lacaniano. A los lacanianos les gusta mucho Gombrowicz. Si bien él no es psicologista para escribir, es tal la ruptura que hace con el lenguaje que me interesa mucho y termina siendo como él dice: el más realista de los realistas. El se define así y eso me encanta porque él arma literatura con desperdicios del lenguaje. Es un gran placer seguir investigando sobre las posibilidades estéticas y teatrales que brinda éste autor, con un grupo de actores con quienes además comparto una ética de trabajo.

¿De qué manera pensó la puesta en escena?

A.B.: –El dispositivo escénico lo armé yo con elementos rústicos. Con madera, dos sillas, y una pantalla negra que saca y esconde cosas. Hice una especie de magia, pero casera, como más a la griega, a tracción a sangre. El teatro es tracción a sangre. El exceso de realismo en el escenario no me gusta. En general en el teatro independiente se ve un realismo acomodado que se camufla como que no es realismo. Cuando te quieren vender un paquete de modernidad no te lo compro. Para la música trabajé con José Páez. Y él me dijo que la hicieran los actores. Así usamos botellas, piedras, chapas que hacen sonido como de trueno, latas, bombo, y un acordeón a piano. No hay una tecnología de avanzada. Yo uso el concepto Deus ex machina (dios es máquina), que es el proverbio que tenían los griegos en general para hacer todo. 

¿Qué premisas tuvo en la dirección de los actores?

A.B.: –Yo al actor le digo “tranquilo, vos aprendete la letra y no te lleves los muebles por delante”. A medida que marcamos los movimientos los voy dirigiendo despacito y cuando se quieren dar cuenta ya está armado el personaje. No hay nada psicologista. Me gusta el actor camaleónico que se transforme. Y en muchos de los casos la formación realista acerca el personaje a la personalidad y no va el actor hacia eso. Un actor es alguien que que quiere ser otro. Eso guía el deseo de actuar y de dirigir también. No me interesa la realidad en forma periodística. Mi idea es provocarle algo al público. 


* La obra puede verse los viernes a las 20.30 en El Portón de Sánchez, Sánchez de Bustamante 1034.

Fuente: Página 12. 05/06/2018.

Entrevista: Josefina Frega.


 

 

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